Asociación Amigos del
Complejo Museográfico “Enrique Udaondo”

Casa del Virrey Sobremonte

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Declarado Monumento Histórico Nacional: Decreto 120.411/1942

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En 1772, el maestre de campo Manuel Pinazo y Funes decidió construir una casa contigua al Cabildo en el partido de Luján. Este pulpero, oficio que muchos asimilaban al de contrabandista, había adquirido fama por su encarnizada actitud en la frontera, pues había dispuesto que se pasara a cuchillo a cuanto indio se encontrara “al norte del camino que va a las salinas”, como si bastara ese criterio geográfico para señalar las tribus enemigas.

Casi treinta años después, hacia 1803, la casa que había sido de Pinazo se convirtió en la sede del Real Estanco de Tabacos y Naipes, esto es, el monopolio monárquico de venta de esos productos.

La residencia, de estilo colonial con detalles típicamente andaluces, tenía una única planta de paredes de ladrillos con techo a dos aguas cubierto de tejas musleras -llamadas así porque se moldeaban sobre el muslo-, ventanas con rejas y puertas de tableros salientes.

casa_virrey_02 En 1806, allí se alojó el tercer marqués de Sobremonte, virrey del Río de la Plata, camino de Córdoba, adonde se dirigía huyendo de las tropas inglesas que se habían posesionado de Buenos Aires.

Sobremonte era un excelente administrador, y ya lo había demostrado como secretario del virrey Juan José Vértiz, en 1780, y como intendente de Córdoba del Tucumán, en 1783. En 1797, había sido designado subinspector general de los cuerpos de línea y de milicia del virreinato. Hay quien dice que sus informes excesivamente optimistas fueron responsables de la virtual falta de resistencia a los británicos en 1806. lo cierto es que, recién en 1805, Sobremonte advirtió a Manuel Godoy, el primer ministro de Carlos IV, que sus fuerzas podían ser insuficientes.

Cuando los ingleses invadieron Buenos Aires, el marqués abandonó el campo llevándose consigo los caudales públicos. A pesar de lo encharcado que estaba el Camino Real, llegó a Luján en tres días. Lo siguió una reducida partida de treinta soldados que se hicieron con ese botín que superaba los seiscientos mil duros en plata acuñada y en barras, parte de la cual había sido arrojada a los pozos de agua. Cuenta la tradición que por años los vecinos buscaron en vano algún resto de aquel tesoro escondido en la casa.

En primer plano, la puerta “geminada” (dos hojas separadas por un poste de madera) de la casa del virrey Sobremonte.

Texto extraído de la publicación
"Patrimonio Histórico de la Argentina" fascículos 21 y 22
Diario La Nación
 
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